No es tu responsabilidad solucionar todo lo que falla.
No todas las batallas que comprendes son batallas que debas librar.
Hay puertas que no se abren con razones. Dejar de llamar también es una forma de inteligencia.
No necesitas hacerlo todo bien para quererte.
No puedes convertir los errores propios o ajenos en un juicio constante.
No todo tiene una respuesta ni un argumento racional.
Tu capacidad de entender el mundo no puede aislarte de él.
Hay preguntas sin respuesta, y el mundo seguirá girando.
No conviertas tu ética y lucidez en una jaula y lo llames refugio.
No permitas que la miseria del mundo le robe su belleza.
No conviertas cada decepción en una teoría firme sobre la condición humana.
El intelecto es una herramienta, no lo único que te define.