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11 enero 2023

Geometría



Una lagrima cilíndrica
encerrada en tu espacio cuadrado,
dos rombos tumbados
sobre tu ángulo en 90 grados.
Mi esfera.
La circunferencia perfecta
que rodea tu esencia piramidal.
Tu rectas paralelas
hacen de barrera  a mi espiral

Un triángulo equilátero
haciendo un doble mortal
que en elipse recorre
tu columna vertebral.

Soy una curva en descenso
sobre la empinada pendiente
de un triángulo escaleno.

Ya no encaja ninguna pieza
ahora soy el agujero.




28 enero 2020

La valentía y la locura



La valentía y la locura están separadas por una línea tan fina
que es casi imposible saber cuando la cruzas.

A veces es difícil saber cuándo debes parar,
cuándo algo ya no tiene sentido,
cuándo estás más centrado en la trayectoria que en el objetivo.

Cuándo esos actos de sacrificio se acercan demasiado a la estupidez
y tú los sigues vistiendo de valentía.

Hoy me he sentado a hablar con alguien más fuerte y más sensato que yo.

Ha sido a medida que deshacía su ovillo que he visto el nudo enorme
que hay en el mío.

Ha sido a medida que me ha contado su impulso para salir corriendo
cuando he comprendido que llevo aquí demasiado tiempo.


Conforme relataba el material con el cual construye su coraza
he asimilado lo mucho que a la mía le falta.
Era estupidez ir desnuda a sus trincheras
y pretender que no me hiriera nada.

Me consideraba valiente
pero la valentía es marcharse.


Me he sentado a charlar con alguien más fuerte que yo,
alguien capaz de definir los límites y borrar las difusas líneas que no podrá cruzar.

Me he sentido débil por pisar continuamente esa línea que ya ni siquiera está.
Una línea que se borró de tanto pisarla.

Yo acariciaba su nombre
y disculpaba sin excusas sus errores
porque nunca soporté el sonido brusco de una puerta
cerrándose de golpe.

La valentía y la locura se han mezclado y ya no sé distinguirlas.
Valentía fue quedarme cuando no lo merecías
locura fue decir adiós en el instante preciso
en el que más te quería.







03 junio 2016

A tus piedras con mis plumas




Si no puedo derribar tu muro al menos quiero que sonrías al otro lado.

Fui muy torpe con eso de pensar demasiado.
Tus pistas no llevan a donde conducen las del resto,
interpretarte como si fueses sencillo fue mi error al descubierto.
Me he propuesto volver a ser quien era,
actuar con el corazón abierto, no fingir ser alguien que no soy
ni ajustarme con dolor a ningún hueco.

Me he propuesto acercarme sin mirar, 
sin darle importancia a esas trampas que hay salpicadas por el camino, 
para que aunque no podamos entendernos
al menos logremos reírnos.

Cuanto más severo sea tu gesto aprendido, más grande será la sonrisa que te ofrezca
cuanto más seco y rotundo sea el tono de tu voz, más dulce y pacífico será el mío.

Responderé a tus piedras con mis plumas
para que tengas siempre a mano un alma limpia
dispuesta a dibujar claridad en tu espesura.

Responderé a tu silencio con música y ternura
porque eso es lo que siento y no
lo que me dicta tu cordura.

No daré importancia a esa horrible máscara
tras la que te ocultas
no me esconderé de ti
porque ya no me asustas.

Volví a ser quien era antes y se despejaron las dudas
y si algún día sientes que tienes algo que reprochar
te ofreceré sinceramente mis disculpas.

Mientras tanto responderé
a tus piedras
con mis plumas.









03 mayo 2016

Una silueta en la arena mojada




Me he venido a la playa a sumergir en el agua salada
las huellas de una pena mal curada.

Quería estar sola y caminar por la orilla.

Siempre llevo conmigo las hojas en blanco
esperando llenarlas con todas esas cosas que tengo atascadas.

Estoy preocupada, desde hace un tiempo no me inspira nada.

Imagino a mis musas vapuleadas, intentando ponerse de pie
mientras las olas las derriban.

Intento convencerme de que es imposible que se me hayan
agotado las palabras.

Me siento en la arena mojada y al mirar a la linea horizontal que separa los azules
me doy cuenta de que son menos azules de lo que eran.
El aire húmedo y frío de abril en una playa es menos húmedo y menos frío de lo que era.

Y dudo si seré aquella mujer de nuevo,
dudo si podré ser otra mejor o solo seré su sombra.

Anochece y me ha sorprendido la oscuridad  en la misma posición.

A cien metros de mí una silueta sentada sobre arena mojada, como yo.

Imagino una ficticia conversación en la que me aproximo y pregunto:
-¿Tú que tienes roto?-
Porque algo tienes roto si te sientas de noche sobre la arena mojada 
y se te pasan las horas sin darte cuenta con la mirada perdida en una línea imaginaria.

Me incorporo lentamente con los huesos entumecidos de la postura y el frío
y no sé si quiero irme a ningún sitio.

Me he venido a una playa, como hacía de niña cuando la vida me asustaba
y creía que no había nada que el agua salada no limpiara.

Tendré que acostumbrarme a este azul menos intenso
y a este frío moderado.

Quería estar sola y caminar por la orilla.
Ordenar las ideas para que me entraran en la vida.

Me alejo poco a poco de esa silueta sobre la arena mojada
que se queda en quietud fijada a esa línea imaginaria.